20 Mar La huida
Artista: Bastid Peris, Ricardo
Año: 1953
Técnica: Óleo sobre lienzo
Medidas: 101 x 121 cm
Tipología: Pintura
Inventario: 72
Contexto:
La pintura de Bastid es de formas rotundas, apegada a lo real y sobria de color. En su obra «Un arte valenciano en América», Francisco Agramunt Lacruz destaca de Ricardo Bastid Peris que posee una gran técnica dominada por una ciencia del dibujo, una composición sobria y cerrada, con abundancia de tonos oscuros, perfiles recargados de un trazo negro, carbonoso, anguloso y una tendencia a la plenitud para destacar las líneas nucleares. La pintura de Ricardo Bastid Peris transluce una fuerte preocupación social, una dramática inquietud interior, que descarta todo sentido decorativista y las rigideces del academicismo, para crear un ambiente denso, patético y angustioso. En sus obras es evidente que Ricardo concede un lugar capital a los seres humanos. Sus pinturas impresionan porque plasman con todo realismo, crudeza y angustia el gran drama de la Humanidad abrumada por conflictos y revueltas sociales.
La pintura de Bastid és de formes rotundes, aferrada a allò real i sòbria de color. En la seua obra «Un art valencià a Amèrica», Francisco Agramunt Lacruz destaca de Ricardo Bastid Peris que posseeix una gran tècnica dominada per una ciència del dibuix, una composició sòbria i tancada, amb abundància de tons foscos, perfils recarregats d’un traç negre, carbonós, angulós i una tendència a la plenitud per destacar. La pintura de Ricardo Bastid Peris trasllueix una forta preocupació social, una dramàtica inquietud interior, que descarta qualsevol sentit decorativista i les rigideses de l’academicisme, per crear un ambient dens, patètic i angoixant. A les seves obres és evident que Ricardo concedeix un lloc capital als éssers humans. Les seves pintures impressionen perquè plasmen amb tot realisme, cruesa i angoixa el gran drama de la Humanitat aclaparada per conflictes i revoltes socials.
Microrrelato del concurso El Museu Singular:
—¿Qué nos espera ahora?
Era la voz de mi mujer la que había interrumpido el último parte de guerra. La miré. Estaba pálida; nuestra hija mayor también. “… En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares…”, acababa de decir la vieja radio de galena.
—El azar nos hizo rojos —dije después de meditarlo a conciencia—. La huida… eso es lo que nos espera.
Partimos al alba, con las caras maquilladas de angustia y espacio en los brazos para un exiguo equipaje; nuestro pequeño, acurrucado en el regazo de su madre, y un saco con comida para los primeros días.
Autor: David Lizandra
Sala: 15
