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En el Museu. En la terra

En el Museu. En la terra

07 mar de 2020 – 30 may de 2020

El Museu d’Art Contemporani Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés conmemora este año el Día Internacional de las Mujeres, con la inauguración de la exposición titulada «En el Museu. En la terra».

La muestra se articula a partir de la obra de un grupo de mujeres artistas vinculadas al Museo o al pueblo de Vilafamés, y que actualmente no tienen obra en la colección del MACVAC. Su objetivo principal es dar visibilidad a las creadoras de nuestro entorno más próximo. Un segundo objetivo sería ver cómo la presencia del Museo ha influido en su experiencia vital y artística.

El título escogido «En el Museu. En la terra» lleva dos sustantivos, museo y tierra, identificados por dos nombres propios: Museo = ARTE y tierra = Vilafamés, que conforman los pilares de esta exposición. Nos referimos con ellos al momento y lugar en el que se crea nuestro centro artístico, hace ahora cincuenta años. Fue la tierra, nuestra tierra (y el arte) lo que impulsó a Vicente a proponer realizar un Museo de Arte Contemporáneo. Hoy en día se puede afirmar que es el Museo, también, quien acaba definiendo la tierra. La exposición no ha sido concebida en torno una temática concreta, pero en ella, sin duda, late la historia del Museo. Las ocho artistas que la componen, que encuentran su nexo de conexión en el pueblo (en la tierra) y en el arte (el Museo). Nuestro deseo es que esta muestra les haya dado la oportunidad de reencontrarse y, a la vez, reencontrarse con su historia personal.

«En el Museo. En la tierra» es una exposición variada en materiales y técnicas, e igualmente en lenguajes discursivos. En ese sentido, encontramos desde piezas tridimensionales en cerámica o cartón hasta el óleo y el dibujo, incluyendo también una experiencia de videoarte.


Bibí Mompó y Belén Goterris, autoras de diferentes generaciones y estilos, nos muestran su modo tan especial de realizar la creación cerámica, a través de obras escultóricas que se embarcan en procedimientos en apariencia antitéticos. Mientras Bibí presenta una pieza compacta de la que, como por arte de magia, surgen tres cabezas que intuimos femeninas, Belén aporta una compleja producción que une lo natural con lo construido. Una rama de almendro natural, cubierta con flores salidas de sus manos, se unen para mostrar el acuerdo de lo humano con la naturaleza. Esta obra, llamada Renacer nos remite a la fuerza de las personas para empezar de nuevo, para superar las dificultades, resurgir después de un momento difícil. Nosotros, los seres humanos, somos capaces, partiendo de la nada, de volver a empezar de nuevo y sacar lo mejor de nosotros mismos. Somos quizá como la flor del almendro, que parece surgir de un árbol sin vida que se rearma con la primavera. Bajo ese árbol, quizá, puedan sentarse a descansar las figuras de Mompó, tan ancladas ellas también a la tierra, como demuestra el jardín de la propia artista, en donde moran, ajenas al paso del tiempo, estas esculturas.

También con lo tridimensional juega, en este caso, Amparo Domínguez, que presenta una escultura cuyo material básico es el cartón, rompiendo así con los materiales nobles y tradicionales vinculados a esta práctica artística. Se trata de la figura de una Menina pintada con los colores y las líneas del neoplasticismo de Piet Mondrian. Las figuras de las Meninas de Velázquez han sido muchas veces reinterpretadas. En la colección de nuestro museo encontramos, por ejemplo, la versión de Vicente Traver Calzada, que invitamos desde aquí a contemplar. La Menina de Amparo goza de muchas particularidades, empezando por la carga poética que le otorga el saber que el rostro que la ilumina es el de su propia hija, y continuando por la modernidad que supone añadirle los procedimientos de la abstracción geométrica más preciada. Nos cuenta la artista que, al realizar la pieza, pensaba en una mujer que recibe en sí el pulso de la diversidad vital y emocional. Un pulso que late en buena medida condicionado por la cultura y por la educación, de modo que ella debe afrontar una serie de inputs que puede asumir o rechazar, sin dejarse atrapar en convenciones y luchando por lo que a su juicio es justo.

Ana Cruz y Jovita Pitarch coinciden en la temática de sus respectivas obras: la representación de la figura femenina. La primera nos muestra el dibujo de una mujer que recuesta la cabeza entre sus brazos. Evoca la recreación de la pintura de modelos al natural. Pero la aparente sencillez de la representación guarda tras de sí una complejidad técnica notable y una fuerza más que evidente. El reposo se funde con la energía del trazo vigoroso, en la mano de una artista que denota un excelente conocimiento del oficio y un importante impulso poético. Jovita, por su parte, recrea la forma de una mujer partiendo de dos planos diferentes. En el inferior, encontramos la silueta entera de la mujer sin el rostro, y con elementos como los pechos y pubis intervenidos a través de líneas y el signo de la cruz. En el plano superior encontramos la supuesta cara formada por una serie de rostros. Inquisitio, se llama esta obra singular bañada en negros que es sin duda una explícita denuncia de la violencia de género. En este sentido, nos dice la artista que quiso hacer, con ella: «un homenaje a todas esas mujeres maltratadas, plasmar ese patriarcado rancio, religioso, machista… que oprime a la voz y al cuerpo de las mujeres durante siglos y siglos, en todo el mundo, que por desgracia todavía continúa hoy en día».


Sobre el soporte bidimensional encontramos también la obra de emocional minimalismo de Carmen Michavila perteneciente a la serie «Job, 38:11». Según nos indica la autora, este nombre lleva implícita la llave que nos llevará a descubrir su mensaje oculto. En efecto, si vamos al versículo bíblico anunciado en el título de la serie nos encontramos las hermosas y terribles palabras: «Hasta aquí llegarás, pero no más allá. / Aquí se detendrá el orgullo de tus olas». Esta frase  resume tal vez la esencia y potencia de esta pintura que se detiene en el momento justo de la pregunta. Una sola línea se convierte en el eje y epicentro de esta  enigmática obra, pero en vez de desenvolverse en soledad, esa línea se engrosa conteniendo paisajes y misterios. Y quizá desvela lo invisible.


Llegamos al final con la experiencia animada de Vane Julián, que nos muestra, con su video Obsolescence, un contenido de actualidad: el deterioro del planeta a causa del mundo consumista en el que estamos sumergidos. Pretende, y desde luego consigue, que quien visiona el video reflexione sobre el presente y el futuro de la humanidad en la tierra. La animación, en stop motion, utiliza el entorno natural de Vilafamés. En ella vemos cómo los residuos tecnológicos abandonados en el campo adquieren vida propia. Un robot, en un claro procedimiento distópico, consigue adquirir su propia conciencia, y al explorar su alrededor descubre, junto a su deterioro, a su causante: el ser humano. Si de alguna manera somos lo que comemos, con esta animación se nos pretende concienciar de que también, en gran modo, somos los residuos que generamos.

Mònica Fornals y Celina Torlà, comisarias.



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