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Hernández Pijuan, Joan

Hernández Pijuan, Joan

Hernández Pijuán no fue un pintor abstracto, a pesar de que la limpieza iconoclasta  de su pintura acuse una falta extrema de figuración. Nunca se sintió vinculado al expresionismo abstracto norteamericano, aún teniendo en cuenta su admiración por el potente gesto caligráfico de Franz Kline, ni a otras opciones de la abstracción pospictórica, pese a sus inicios informalistas. Su pintura responde a una necesidad interior, que encuentra en la espiritualidad de Kandinsky una razón de ser, a una contemplación que transforma la naturaleza en goce filosófico: el mundo quiere ser visto, como en los vaporosos jardines de Monet. A todo ello, hay que sumar la lección metafísica de las naturalezas muertas de Morandi que le ayudan a imponer el valor de la “presencia” por encima de la “figura”. En cuanto a la valoración del espacio pictórico, Hernández Pijuán fue un clásico intuitivo de corte euclidiano, un realista en el sentido de la gravedad y la consideración del cuadro como espacio físico.  Nunca practicó el ilusionismo pictórico, sino la proyección de una presencia. Por ello, tuvo tanta importancia para él la superficie pictórica, lo que hizo afirmar a Arthur Danto que “en la obra de Hernández Pijuán, la superficie es la carne de la obra”.

Año: (Barcelona, 1931-2005)

Documentación sobre el artista en CIDA: Artículos CIDA

Página personal:  Página web

OBRAS

Título de la obra: Doble centímetro

Año: 1972

Medidas: 146 x 114

Técnica: Mixta sobre lienzo

Tipología: Pintura
Inventario: 251

Sala: 22



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