11 Abr Esencia
ESENCIA
La mística de lo contemporáneo
Una exposición en el Museo de Arte Sacro de Teruel. Junio-septiembre 2026, comisariada por Pedro Luis Hernando y Joan Feliu.
1 Tener parte en la naturaleza divina (2 Pedro 1:4-10)
«Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia».
La naturaleza humana es lo que nos hace ser nosotros, es la suma total de cualidades que nos hacen ser quienes somos, es el carácter inherente de una persona y lo que constituye su individualidad. Muchos son los artistas contemporáneos que han seguido ese hilo invisible que une el mito con la razón, el alma con su propio espejo; que han trazado un viaje hacia el centro mismo de la conciencia humana en un intento de comprender a ese ser que aprendió a pensarse a si mismo. Estas son obras que reflexionan sobre la espiritualidad de la naturaleza, del mundo, de la luz, de la creación. No ofrecen certezas, sino revelaciones. No enseñan, convocan.
Fernando Zobel, Playa bordeada… remanso, 1971. Óleo sobre lienzo y papel.
En sus obras, Fernando Zóbel (Manila, 1924 – Roma, 1984) a menudo exploraba temas espirituales y filosóficos, expresando la búsqueda de la trascendencia y conexión con lo divino, esencialmente en la contemplación de la naturaleza. Estas indagaciones añadieron una especial profundidad y significado a sus pinturas abstractas.
Lariña (Pere Ribera), Espera milagrosa, 2016. Grafito y carbón sobre lienzo.
Pere Ribera (La Vall d’Uixò, 1958) creó en 2015 a Lariña, alter ego al que le da carácter de heterónimo (con biografía propia) y rol de hijo. Lariña se ocupa de temas al margen de la trayectoria más conocida del padre. Pere Ribera siempre ha sido un activista vinculado a la búsqueda de la convivencia (ha coordinado los Encuentros Internacionales de Arte y Paz en el Museo de la Paz de Vall d’Uixó y en el Museo de la Paz de Guernica en el País Vasco, por ejemplo), un convencido del papel del arte y la cultura como herramientas clave para la sensibilización y la transformación social.
Joan Miró, Suite Barcelona, 1973. Carborundium, aguatinta y aguafuerte.
La relación entre las obras mironianas y sus símbolos pone de relieve la naturaleza espiritual de sus contenidos, abriendo un camino hacia la indagación de la vertiente mística del pintor. En Miró (Barcelona, 1893 – Palma de Mallorca, 1983), el peso de la ascética en su trabajo –y también en su vida– es fundamental. No se puede entender bajo ningún concepto su arte sin la influencia de sus habituales y variadas lecturas religiosas.
Pablo Picasso, La Grande Maternité, 1963. Litografía de colores.
Las imágenes y temas de inspiración cristiana, como la paloma, escenas familiares devotas y la maternidad, aparecen de manera recurrente en la obra de Picasso (Málaga, 1881 – Mougins, 1973). Aunque el artista era conocido por su ateísmo y su simpatía con el comunismo (la obra que presentamos toma como modelo la pintura sobre papel que el artista regaló a Maurice Thorez, Secretario General del Partido Comunista Francés), lo cierto es que su formación y experiencias tempranas influyeron en la presencia constante de lo religioso a lo largo de sus distintas etapas creativas.

2 Bienaventurados los que padecen (Mateo 5:10)
“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos”.
El arte actúa como un poderoso puente hacia la empatía con el sufrimiento humano, permitiendo a espectadores y creadores procesar el dolor y la pérdida a través de la expresión visual. En esta sección expositiva, las cuatro obras son, desde distintos puntos de vista, un ejercicio de empatía, y eso requiere de la conjunción de una serie de condiciones: por un lado el esfuerzo y la apertura para reconocer al otro como portador de emociones, y por otro, el coraje y la paciencia para experimentar, aunque sea transitoriamente, dichas emociones en uno mismo, a fin de comprenderlas, pues el artista busca entender lo que el otro experimenta.
Alejandro Mañas García, La noche trascendida, 2023. Hierro esmaltado, terciopelo bordado y óleo sobre lienzo.
La práctica artística de Alejandro Mañas (Castellón, 1985) se centra en explorar la mística y la espiritualidad en el siglo XXI, generando espacios de reflexión sobre la interioridad y el conocimiento en el contexto contemporáneo. Desde una perspectiva multidisciplinar que incluye videoarte, fotografía, instalación y pintura, su obra se presenta como un espacio de cultivo para la interioridad y la búsqueda de conocimiento en un mundo cada vez más material.
María José Marco, La pasión y el tormento III, 2016. Técnica mixta sobre tabla.
La fuerza del trabajo de María José Marco (L’Eliana, 1966) está en mostrar de dónde parte el dolor. La dificultad es poder transmitir el dolor, el tormento y la pasión, de una forma no narrativa, alejada de la figuración. Es ahí donde la artista recurre a todo su conocimiento de las posibilidades de la técnica, y también de la mezcla de soportes, llegando incluso a la presencia de la acción.
Josep Renau, Mamita Yunai, 1967. Fotocomposición sobre tabla.
Renau (Valencia, 1907 – Berlín, 1982) supo entender el significado y el potencial de las imágenes y conforme a esto las utilizó, difundiéndolas a través de los grandes soportes mediáticos en los que destacaba más su función social que estética: nunca quiso museos, el arte debía ser reproducido para hacerse visible a todos los públicos. Renau era consciente del poder persuasivo de las imágenes de la publicidad y de qué forma podían seducir y alienar a la vez a las masas, pero también sabía que, conociendo sus códigos y estímulos, podía invertir los términos y desenmascarar las falacias en las que se sostenía el sistema, denunciar los crímenes de los poderosos y visibilizar el sufrimiento de los oprimidos.
Ana Roussel, S/T Serie ‘Hilos’, 2025. Fotograbado sobre papel Sunji contracolado.
Desde 2020, la producción de la fotógrafa Ana Roussel (Valencia, 1978) reflexiona sobre la experiencia de atravesar una enfermedad como proceso de transformación personal. Su obra aborda la interrupción vital provocada por el dolor y, al mismo tiempo, la transformación de éste en un proceso catalizador de cambio, revelando cómo el cuerpo enfermo se convierte en territorio de tránsito y resignificación. La imagen monocromática y con una marcada presencia de grano grueso contribuye a conformar una superficie texturizada que funciona como testimonio de lo que ya no es. El reconocimiento de esta ausencia provoca una confrontación dolorosa con la pérdida, la incertidumbre y la diferencia.
3 Os aferráis a la tradición de los hombres (Marcos 7:8)
«Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres».
El versículo Marcos 7:8 es una declaración profunda que aborda la relación entre las tradiciones humanas y la verdadera fe. Este grupo de obras nos invita a reflexionar sobre la autenticidad de nuestras creencias y prácticas en un mundo donde las tradiciones pueden a veces eclipsar el verdadero propósito espiritual. Más allá de la evidencia de lo que muestran, los trabajos de esta sección se convierten en una llamada a la introspección.
Grete Stern, Retrato de niña, 1958-1964. Fotografía a la gelatina de plata.
Stern (Wuppertal-Elberfeld, 1904 – Buenos Aires, 1999) fue una de las pioneras de la fotografía argentina en la primera mitad del siglo XX. Formada en la Bauhaus, iniciadora de la fotografía documental, fue también la primera en desarrollar una mirada de género detrás de la cámara. Su trabajo más profundamente social y humanista fue el que realizó en el norte argentino en la década de 1960, fotografiando a comunidades de los pueblos originarios de Salta, Chaco y Formosa. Con la documentación de las tradiciones reclamaba para la fotografía un espacio propio alejado del arte, una función social.
Henri Cartier-Bresson, Funerailles de l’acteur de kabuki: Danyuro, 1965. Fotografía a la gelatina de plata.
Cartier-Bresson (Chanteloup-en-Brie, 1908 – Ceyreste, 2004) fue una figura pionera de la fotografía, conocida por su dominio de la fotografía espontánea y por utilizar en sus comienzos la película de 35 mm. Considerado ampliamente como el padre de la fotografía callejera moderna, Cartier-Bresson acuñó el concepto de capturar el «momento decisivo», una filosofía que ha influido profundamente en el arte de la fotografía. Fue cofundador de Magnum Photos en 1947 y contribuyó significativamente al fotoperiodismo y la fotografía documental.
José Gonzalvo Vives, Monumento al bombo, 2002. Hierro soldado.
A pesar de que Gonzalvo Vives (Rubielos de Mora, 1929 – Valencia, 2010) se inició en el campo pictórico, a mediados de la década de 1960 descubrió la forja en el taller de Baselga, en Rubielos de Mora. Desde entonces, su obra encuentra un estrecho vínculo con las tradiciones de su entorno vital. A lo largo de su carrera se consolidó como una figura destacada en el panorama artístico aragonés y valenciano, dejando un legado con una marcada identidad regional.
Antonia Mir, Altar, 1994. Óleo sobre lienzo.
Antonia Mir (Catarroja, 1928 – Valencia, 2025) desarrolló una trayectoria marcada por la creación artística, la docencia y el compromiso con la difusión cultural. La obra aquí presentada forma parte de una serie denominada “ofrendas”, inspirada por los viajes de la artista a algunos países latinoamericanos, entre ellos México, donde los exuberantes altares y copiosas dádivas indican la pervivencia de unas tradiciones, muchas veces sincréticas, basadas en profundas creencias y religiosidad.
4 En el principio creó (Génesis 1:1)
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.
Como en el inicio de la Biblia, el grupo de obras que cierra la muestra tienen en común la utilización de las escrituras como tema.
Luis Arcas Brauner, S/T, 1956. Técnica mixta sobre lienzo.
Aunque no tenga título, es obvio que Arcas Brauner (Valencia, 1934 – Cambridge, 1989) está recreando el tema de Adán y Eva. El paisaje llegó a ser el vehículo de expresión que más frecuentó y por el que fue más reconocido, pero también formó parte de un grupo de artistas que comenzaron a abrir una brecha en la tradición academicista del momento y que propiciaron la renovación estética de la iconografía religiosa en la década de 1950.
Equipo Crónica, El sueño de Jacob, de la serie Composiciones, 1972. Serigrafía sobre papel.
Grupo español formado en Valencia en 1964 por Rafael Solbes, Manuel Valdés y Juan Antonio Toledo. Tras el abandono de Toledo, el grupo desapareció con motivo de la temprana muerte de Rafael Solbes (1981). Estos artistas emprendieron un camino en común dentro de la estética pop y con un marcado acento ideológico contra el régimen franquista. En su obra son habituales las referencias bíblicas, temas fácilmente identificables que permitían sugerir una crítica a la situación social y política.
Fernando Peiró Coronado, Dudaba de su existencia, 1979. Óleo sobre lienzo.
Peiró Coronado (Alaquàs 1932 – Benicarló 2011) fue un pintor de trayectoria compleja. Se inició a principios de los años setenta en la abstracción, tras unos trabajos con José Antonio Labordeta, pero eso no significó una huida de la realidad, sino otra manera de ver y expresar la realidad, a través de un espacio escenográfico y teatral, donde se desarrollaban los temas, los dramas.
Amat Bellés, Ego sum quae pecavi, 1987. Técnica mixta sobre cartón.
Desde una poética figurativa, Amat Bellés (La Pobla Tornesa, 1949) aborda un mundo simbólico-mitológico y de evocaciones tanto religiosas como profanas, universo que conjuga con elementos propios de la abstracción y que genera unas imágenes sensuales de belleza muy personal. En este caso utiliza a Samuel 24:17 y 1 Crónicas 21:17 de la Vulgata latina, donde el rey David, al ver al ángel que castigaba al pueblo, dice: «Ego sum qui peccavi, ego inique egi» («Yo soy el que he pecado, yo he actuado inicuamente»), para retratar a Lucrecia Borgia.
